UN DIA DE TRABAJO

Cuando vio brotar la sangre dejó de apretar la empuñadura del cuchillo. Se mareó en cuanto vio aquel espeso y maloliente líquido rojizo. Odiaba aquella debilidad, más de una vez le había causado problemas. Por suerte esta vez no había sido así porque aquel grandullón le hubiera dado una buena paliza.

Se alejó despacio y tiró el cuchillo al río. Era una mañana fría así que decidió tomarse una copa de aguardiente en la primera tasca que encontrara. El apestoso hedor que percibió nada más abrir la puerta no lo persuadió de entrar. Pidió lo más fuerte que tuviera la casa.
– Aquí tiene jefe, un “matahombres”.-le dijo el tabernero  golpeando con el vaso la roñosa barra.
Sacó la cartera ,la abrió, cogió un euro para pagar y se quedó mirando fijamente la foto del carnet  de aquel tipo. Ya por entonces tenía cara de muerto. Como sacó dos euros pidió otro “matahombres” se limpió la boca en la desgastada manga de su parka y salió a la calle con tal sigilo, habitual en él, que no se oyó ni siquiera el  crugir del serrín bajo sus pisadas.

El frío de la calle lo espabiló. Y tanto fue así que de repente sintió el escalofrío que siempre le atenazaba cuando alguien lo perseguía. Se paró de golpe. Miró alrededor y no vio a nadie. “Qué raro,mi instinto nunca me falla” pensó encaminando sus pasos de nuevo hacia la oficina.

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