SOLTEROS CONTRA CANSADOS


 ALEX

“Al final no había sido mala idea pasar unos días del verano en el pueblo” pensaba mientras se subía las medias y se colocaba bien las espinilleras. Su agente le había aconsejado que tras el último escándalo lo mejor que podía hacer era pasar por un chico formal , de un futuro prometedor y no por un futbolista caprichoso y la oferta del alcalde de dar el pregón le vino de perlas. Más tarde, durante la verbena,cuando le propusieron jugar el partido, aceptó por pura chulería. Le encantaba hacer caños, ganar en carrera con un mínimo esfuerzo o dejar sentados con un dribling a aquellos paletos que lo jalearían a pesar de estar riéndose de ellos. Además seguro que ella estaría entre el público. Ligar en Ibiza era como cazar en un zoo, las mujeres ya van predispuestas a liarse con un futbolista solo hay que elegir la que más te gusta y hacerle creer que es ella la que te está cazando. En el pueblo son más salvajes, te ven venir al momento y tienes que trabajártelo más, lo que le da una emoción a lo Don Juan Tenorio. Y anoche después de un par de días de discreto trabajo se había acabado liando con ella. Miró al cielo donde el sol brillaba abrasador. El estado del césped era deplorable, con unas calvas y unos agujeros que podían machacar el tobillo más fuerte, pero después de la memorable noche que había pasado no le importaba porque se sentía invulnerable. Sonó el silbato y empezó el partido. Dejó que se le escaparan un par de pelotas y que le robaran el balón antes de empezar a cachondearse de ellos. Y entonces la vio. Allí estaba, radiante y feliz después de una noche con la famosa estrella de futbol. Así que decidió empezar su demostración. Recibió la pelota y miró al tipo con cara de ladrillo que tenía frente a él y corría en su dirección como un rinoceronte en una estampida.

JULIO

La resaca le había dejado la boca seca como esparto y un dolor de cabeza que parecía que estuvieran haciéndole un torniquete en el cerebro donde sólo había quedado de la noche anterior la imagen de aquel brazo tatuado acariciando aquel otro adornado con una inconfundible pulsera de plata. De lo que había pasado antes recordaba que tras muchas cervezas sus riñones le habían pedido tregua y que tuvo que ir tras la caseta de una tómbola. Mientras orinaba oyó unos gemidos. No pudo reprimir echar una mirada. Dos bultos se movían con ritmo acompasado en una oscuridad que fue rota durante un segundo por la luz de la puerta trasera de la caseta y dejó a la vista aquellos brazos acariciándose. A partir de ahí la nada, un vacío blanco y espeso. Era una persona pacífica, pero el fútbol lo transformaba, por eso había estado a punto de no ir a jugar el partido porque no sabía de lo que era capaz si aquella imagen no se le quitaba de la cabeza,aunque también pensó que podía ser una buena manera de exorcizar sus demonios algún que otro encontronazo con los jugadores del otro equipo. La equipación era la misma del año pasado y eso se notaba porque le estaba mucho más estrecha. Cuando se la puso no pudo dejar de pensar que no le extrañaba sucedieran hechos como el de anoche. El antes era como los que tenía ahora enfrente, cuerpos atléticos sin un gramo de grasa, el típico cuerpo de un joven que hace deporte a diario, no la de un cuarentón que sale a correr sólo cuando se fija de verdad en la imagen que refleja en el espejo. Estaba admirando a aquellos jóvenes cuando vio como se acercaba al centro del campo para sacar la joven promesa que había dado el pregón de las fiestas. Cuando éste saludaba a la grada se quedó helado al ver aquel brazo tatuado.

CARMEN

Lo quería a rabiar. Estaban juntos desde los trece años y se casaron muy jóvenes y no porque estuviera embarazada sino porque se querían y estaban deseando irse a vivir juntos. No le gustó mucho la idea de ayer de salir mujeres por un lado y maridos por otro, en dos pandillas porque le encantaba bailar con su marido en la verbena. Confiaba que durante la noche se juntaran y bailaran como dos desconocidos pero al ver el lamentable estado de su marido cuando se lo encontró sus esperanzas se esfumaron. Mira al campo y lo ve embutido en su camiseta. Le produce ternura que aún siga sintiendo los partidos como si fueran finales de un mundial. No le gusta mucho verlo jugar porque suele enfadarse y parece que se va a pelear aunque siempre todo queda en vanos gritos y aspavientos. Hoy desde que ha empezado lo ve raro, perdido pero a la vez como si fijara su atención en algo o alguien. Vuelve la mirada a su hija que sentada a su lado no quita ojo del partido. Está radiante la reina de las fiestas. Todo el mundo dice que es la más guapa del pueblo . Lleva el vestido manchado, lo que después de una noche de juerga piensa que es normal. Pero le llama la atención que lleve su pulsera de las bodas de plata. Se emociona al leer “JULIO Y CARMEN”. Se la cogería ayer del joyero. Ahora no, pero ya hablaría con ella de los préstamos que hacía sin su consentimiento. La ve levantarse como un resorte y chillar. Junto a ese chillido se pudo oír en todo el campo el chasquido, como de un árbol joven que se parte por la mitad, de unos ligamentos y el aullido de dolor de uno de los jugadores del campo.

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